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Cáncer de mama: claves de la autoexploración

Cada 19 de octubre se celebra el Día Contra el Cáncer de Mama para recordar y fomentar el compromiso de la sociedad en la lucha contra este cáncer, que supone el tumor más frecuente en la población femenina tanto en países desarrollados como en aquellos en vías de desarrollo.

En España se diagnostican más de 27.000 nuevos casos de cáncer de mama al año, lo que representa casi el 30% de todos los tumores del sexo femenino en nuestro país. Además, una de cada ocho mujeres tendrá cáncer de mama a lo largo de su vida, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), de la Asociación Española Contra el Cáncer (aecc) y de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM).

No obstante, la supervivencia para este tipo de cáncer ha aumentado un 20 por ciento entre los años 70 y la actualidad. Esto se debe, en gran medida, a los avances médicos ya que cada año disponemos de más información para su diagnóstico precoz y su tratamiento, lo que ha permitido que la supervivencia global a los cinco años del diagnóstico del cáncer de mama sea del 82,8% en nuestro país.

El cáncer de mama no se puede prevenir, sin embargo, se trata de unas de las pocas enfermedades oncológicas que se pueden diagnosticar precozmente, lo que puede llegar a aumentar las posibilidades de curación (si se detecta en su etapa inicial) a prácticamente el 100%.

La técnica más eficaz para su diagnóstico es la mamografía, que permite detectar el 90% de los tumores, incluso los pequeños. Existen otros métodos, que, aunque no son tan precisos, se utilizan de modo complementario, como la exploración física periódica realizada por el médico o por la propia mujer.

¿Cómo se realiza una autoexploración mamaria?

La autoexploración mamaria se debe hacer, a partir de los 18 años, una vez al mes después de haber concluido la regla. La primera vez que se hace debe realizarse detenidamente para conocer el aspecto y consistencia normal de las mamas, lo que permitirá en las siguientes ocasiones identificar más fácilmente posibles anomalías.

El primer paso es colocarse frente a un espejo y con los brazos caídos, a los costados, observar los pechos. Hay que fijarse en que ambas mamas tengan un tamaño, forma y color normales y no presenten deformaciones ni inflamaciones visibles. También hay que fijarse en un posible cambio de posición de uno de los pezones.

El siguiente paso es levantar los brazos por encima de la cabeza y comprobar que el contorno de los pechos es uniforme y que ambos se elevan de la misma forma. No hay que olvidarse de examinar las axilas, ya que gran parte de los tumores se producen en la parte del pecho más cercana a la misma.

Posteriormente pasamos a la palpación de cada una de las mamas con la mano contraria. Utilizando la yema de los dedos y haciendo movimientos circulares exploramos el pecho desde la parte externa hacia el pezón. El objetivo es recorrer toda la mama siguiendo cualquier tipo de patrón: en líneas rectas en horizontal o en vertical o dividiendo la mama en cuadrantes para no dejarnos ninguna zona sin explorar. También hay que apretar el pecho hacia el pezón para observar la posible salida de algún tipo de líquido. Es aconsejable realizar la palpación también tumbada en la cama con una mano detrás de la nunca.

Si la palpación produce dolor en algún punto concreto, se observan enrojecimientos o una textura similar a la piel de naranja, se detectan bultos o hundimientos o sale líquido de los pezones, hay que acudir al ginecólogo. Conviene aclarar, no obstante, que si se detecta algún bulto durante la autoexploración, en el 90% de los casos se trata de tumores benignos.

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