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Médico usando una app de salud

El arte de 'app'licarse

Parece ser que vivimos en un mundo donde todo se va informatizando a medida que pasan los años. O por lo menos eso nos gusta creer. Nos basta con ponerle a algo el prefijo “e-“ (e-mail, e-book, e-receta…) o el apellido 2.0 (entorno 2.0, web 2.0…) para extrapolarlo a otra dimensión en el que deja de ser analógico para convertirse en digital.

Esta conversión, por supuesto, está afectando a nuestros hábitos de vida, muchas veces incluso sin darnos cuenta. Cada vez se nos hace más común ver a alguien absorto en la pantalla del teléfono móvil mientras espera al autobús y más raro ver a ese mismo viajero leyendo un libro físico forrado con papel de periódico para no deteriorar la cubierta. Lo mismo ocurre con los documentos que transportamos al trabajo, que han pasado de viajar en carpetas de cartón o piel para hacerlo en memorias USB de 32 GB (o más si es posible).

Y llegaron las apps

apps saludJunto a esto, hay unos nuevos inquilinos que han entrado en nuestras vidas casi sin llamar a la puerta. Son las denominadas apps (o aplicaciones portátiles), que inundan nuestras tablets, smartphones y demás dispositivos móviles. Las hay de todos los tipos y, por supuesto, el entorno de la salud no queda al margen de ellas. De hecho, en muchos de estos dispositivos, a la hora de hacer una búsqueda de apps por áreas, la Salud y el Bienestar suelen venir enmarcados dentro de una categoría específica.

Son sobre todo aplicaciones dirigidas a usuarios de a pie que, sin embargo, no pueden dejar indiferentes a los profesionales sanitarios y a los expertos en salud, ya que estudios, informaciones y artículos de prensa evidencian que un mal uso de ellas puede provocar el efecto contrario al deseado y derivar en problemas y perjuicios para la salud de estos usuarios.

Calidad y accesibilidad

Por exponer algún caso, y dar voz a un experto en materia sanitaria, el director de El Mundo Salud, José luis de la Serna, citaba a mediados de este mes en un post de su blog que la FDA (Food and Drugs Administration, de sus siglas en inglés) estadounidense “está pensando en crear algo parecido a una oficina que se ocupe de estudiar” la calidad, credibilidad e incidencia en la salud de estas aplicaciones, aunque pone en duda que finalmente pueda llegar a realizarse.

Si nos ponemos a nombrar algunas, la lista de apps en esta materia parece interminable: guías de nutrición, medidores de la frecuencia cardiaca, alertas para evitar episodios de alergia (en el caso del polen, por ejemplo), calendarios menstruales, manuales de
entrenamientos físicos, calculadoras del índice de masa corporal, recomendaciones y ejercicios para usuarios con necesidades específicas, contador de calorías, indicador de días fértiles, indicadores de ciclos de sueño y de cuánto se debe dormir, guías sobre hierbas y plantas medicinales, aplicaciones para darse masajes a través del sistema de vibración del dispositivo móvil… Lo
dicho, una lista casi interminable. Ante esto, el experto sanitario no puede permanecer al margen, y es bueno que conozca su existencia para prevenir, corregir, e incluso denunciar si lo cree necesario, la mala praxis de este tipo de apps.

Estar en la nube

apps saludSin embargo, no todo tiene por qué ser malo en el mundo de las aplicaciones portátiles. Todo lo contrario. No solo es cierto que un buen uso de las anteriormente citadas puede repercutir en beneficios para la salud, sino que además, junto a estas, también hay otras apps muy útiles para el sector sanitario, y principalmente para el día a día profesional de sanitarios y expertos en esta materia.

Hablamos por supuesto de aplicaciones como las grandes nubes (bases de datos) de documentos para guardar y compartir archivos, los programas de vídeo y teleconferencia, los programas de creación de etiquetas y tarjetas, las agendas y calendarios virtuales, las de
creación de códigos QR… En fin, otras muchas que, junto a las otras, forman un elenco de aplicaciones que deben ser usadas con cabeza.

Desde estas líneas, además de dar a conocer la existencia de estas herramientas, animo a que se busque el mejor modo de utilizarlas, a que se conozcan bien y a saber recomendarlas, sobre todo entre aquellos que, como profesionales de la salud, saben de cómo puede perjudicar el mal uso de muchas de ellas.

Artículo escrito por Manuel Fernández Bustelo, publicado originalmente en el número de julio de la revista En Genérico

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